Participar en el proyecto Erasmus+ INCLUDE+ – Wellbeing in Action en Brașov, Rumanía, ha sido una de esas experiencias que realmente te cambian algo por dentro. No fue solo un intercambio juvenil, sino un viaje lleno de emociones, encuentros, reflexiones y momentos que difícilmente olvidaré.
Durante varios días convivimos 43 jóvenes de 7 países diferentes, compartiendo culturas, ideas e historias personales. Desde el primer día se respiraba un ambiente especial: nadie conocía realmente a los demás, pero gracias a actividades simples y divertidas como Human Bingo conseguimos romper el hielo rápidamente y crear un entorno acogedor y lleno de energía positiva. En muy poco tiempo, quienes al principio eran completos desconocidos se convirtieron en compañeros de aventura con los que compartir risas, conversaciones profundas y momentos inolvidables.

Descubriendo Brașov y a los demás
Uno de los momentos más bonitos fue, sin duda, el Treasure Hunt por las calles de Brașov. Caminar por la ciudad en grupos internacionales nos ayudó no solo a descubrir nuevos lugares, sino también a conocernos mejor entre nosotros. Entre desafíos, pequeños imprevistos y conversaciones espontáneas, las primeras amistades surgieron de manera totalmente natural.
Cada actividad estaba pensada para ayudarnos a colaborar, escuchar a los demás y salir de nuestra zona de confort. Y precisamente ese es uno de los aspectos más bonitos de los proyectos Erasmus+: te permiten crear conexiones reales con personas que, hasta pocos días antes, vivían realidades completamente diferentes a la tuya.
Bienestar, emociones y empatía
Durante el proyecto hablamos mucho sobre bienestar, emociones y empatía. A través de actividades interactivas y momentos de reflexión, entendimos cómo nuestra manera de ver las cosas influye en las relaciones con los demás.
Algunos talleres me marcaron especialmente, como Walk in My Shoes, donde aprendimos realmente qué significa escuchar a alguien sin juzgar ni intentar encontrar inmediatamente una solución. Parece algo sencillo, pero muchas veces en la vida cotidiana no nos damos cuenta de lo importante que es sentirse verdaderamente escuchado. Hablamos de nuestras emociones, de las dificultades que enfrentamos cada día y de cómo pequeños gestos de comprensión pueden marcar una gran diferencia en las relaciones humanas.

Naturaleza y mindfulness en Poiana Brașov
Otro día que llevaré siempre conmigo fue el dedicado a la naturaleza y al mindfulness en Poiana Brașov. Rodeados de naturaleza, lejos del ruido y de los teléfonos, bajamos el ritmo por unas horas y nos concentramos en el presente. Fue uno de esos momentos en los que entiendes lo necesario que es, de vez en cuando, parar y respirar.
A través de ejercicios de mindfulness y momentos de reflexión personal, aprendimos que el bienestar no depende solo de lo que hacemos cada día, sino también de nuestra capacidad para escucharnos a nosotros mismos y encontrar un equilibrio interior. En un mundo que siempre va demasiado rápido, dedicar tiempo a estar bien con uno mismo es algo que muchas veces olvidamos.
Human Mirror y el valor de las personas
Entre las actividades más emocionantes también estuvo Human Mirror. Escuchar a los demás hablar de tus fortalezas y descubrir cómo te perciben fue algo intenso y, para muchos de nosotros, muy emotivo. A veces somos los primeros en no reconocer nuestro propio valor, y esa actividad nos recordó que cada persona tiene algo importante que ofrecer.
Además de los talleres, trabajamos juntos para probar actividades educativas que formarán parte del toolkit del proyecto. Fue muy bonito sentirnos parte activa del proceso, aportar ideas y contribuir de manera concreta a algo que podrá ayudar a otros jóvenes en el futuro. No éramos simples participantes, sino personas implicadas en la creación de herramientas útiles para otras comunidades y otros jóvenes europeos.
Lo que me llevo de Brașov
Al final, la parte más importante de toda esta experiencia fueron las personas. En pocos días se crearon conexiones reales, de esas que nacen cuando compartes experiencias intensas, conversaciones profundas y también pequeños momentos cotidianos. No importaba de dónde veníamos ni qué idioma hablábamos: nos sentimos parte de la misma comunidad.
Volví de Brașov con mucho más que unas cuantas fotos o recuerdos. Me llevo nuevas amistades, nuevas perspectivas, una mayor conciencia de mí mismo y muchísima motivación para seguir participando en proyectos internacionales como este. Experiencias como INCLUDE+ te hacen entender lo importante que es salir de tu zona de confort, conocer nuevas realidades y dejarte sorprender por las personas.
Un enorme agradecimiento a International EduCenter, a todas las organizaciones socias y a cada participante que hizo esta experiencia tan especial.
¡Nos vemos en el próximo Erasmus+!
