Youth Exchange 2026/07

Competencias digitales en Rabka-Zdrój: la semana en que los talleres los dimos nosotros

Siete días de intercambio juvenil en las montañas polacas con 30 jóvenes de seis países. Del contrato social a la ceremonia de Youthpass, pasando por ciberseguridad, robo de identidad, videoclips y un mercado de habilidades montado por los propios participantes.

Rabka-Zdrój (Polonia) 11 al 17 de julio de 2026

Del 11 al 17 de julio estuvimos en Rabka-Zdrój, un pueblo de montaña del sur de Polonia, con el intercambio juvenil Youth Exchange on Digital Competences. Treinta jóvenes de seis países, siete días, un centro de formación para nosotros solos y una premisa sencilla que resultó no serlo tanto: todos somos nativos digitales, pero ninguno maneja el entorno digital igual de bien.

El proyecto lo coordinó Europe4Youth desde su centro de Rabka, y allí coincidimos con grupos de República Checa (European Youth Centre Břeclav), Irlanda (Global Nexus IE), Letonia (Rasio Perspektiva), Hungría (Támaszpont MOPKA), Polonia (Europe4Youth) y el nuestro, el de Estrellas del Sur, en representación de España.

Lo primero, las reglas del juego

El arranque fue como suele ser en educación no formal, aunque nunca deja de sorprender a quien llega por primera vez. Presentación del programa, juegos de nombres, expectativas, miedos y contribuciones sobre papel, y un contrato social que el grupo redactó y firmó entre todos. Ahí quedaron cosas como respetar los orígenes y las decisiones de cada cual, levantar la mano, participar de verdad y, sí, una “cat policy” que se aprobó por aclamación.

Luego llegó el retrato. Cada uno dibujó el suyo y lo paseó por la sala con música; al pararse la música tocaba encontrar a alguien, preguntarle algo y anotar la respuesta en su papel. Los retratos se quedaron colgados en las paredes toda la semana y volvieron a aparecer en actividades posteriores.

La tarde fue para el trabajo en equipo, con LEGO. Primero cada persona construyó su propia pieza, a su manera. Después vino la parte incómoda y la más interesante: combinar todas las creaciones en una sola sin modificar ninguna. Suena a juego de niños hasta que te toca defender tu torre.

La rueda de competencias digitales

El segundo día entramos en materia con la Wheel of Digital Competences, la herramienta que estructuró todo el intercambio. Cuatro áreas, cuatro estaciones de trabajo en formato World Café: información, comunicación, producción y seguridad. Rotamos por todas, llenamos papelógrafos y los presentamos al resto.

Después vino un ejercicio de posicionamiento con preguntas incómodas sobre el uso de la inteligencia artificial, la tecnología en el día a día o los límites de lo digital, con la sala partiéndose en el eje de acuerdo y desacuerdo. Cada persona escribió en un post-it qué significa “digital” para ella y lo pegó en su propio retrato. Con cordel de colores fuimos uniendo las ideas parecidas, y la sala acabó cruzada por una telaraña que dejaba a la vista lo que teníamos en común.

Telaraña de cordeles uniendo los retratos de los participantes con sus definiciones de lo digital

Por la tarde tocó mirarse las manos. Cada uno puso sobre un papelógrafo lo que sabe hacer, lo que ha aprendido por su cuenta, aquello en lo que podría enseñar a otro. Salió el Pool of Talent, un mapa de habilidades del grupo que luego organizamos por afinidades. Y de ahí salió el programa de la semana, porque el siguiente paso fue repartirse los talleres: quién diseña qué, con quién y para qué día.

Los talleres los daban los participantes

Aquí está el giro del proyecto. A partir del tercer día, el programa lo llevaron los propios jóvenes. Cada mañana empezaba con un Workshop Jam, una sesión de preparación con la facilitadora para pulir lo que se iba a impartir ese día y lo que venía después. El resto de las sesiones eran talleres diseñados, organizados e impartidos por participantes.

Pasaron muchas cosas por esa sala. Un taller de producción musical con software de edición de audio. Uno de colaboración digital convertido en búsqueda del tesoro, con pistas repartidas entre varias herramientas online. The Art of Search Fu, sobre cómo buscar de verdad en internet, que arrancó con el test de Turing gamificado y acabó en debate. Y Digitals in Education, con Minecraft Education y programación en Scratch, defendiendo que un videojuego también enseña.

Ciberseguridad, pero jugando

El quinto día fue el más intenso, y probablemente el que más se recuerda. El taller de ciberseguridad se montó sobre tres juegos: una simulación de ingeniería social para reventar contraseñas de perfiles en redes, otra de un servidor cayendo bajo un ataque de denegación de servicio, y un test para distinguir enlaces y correos legítimos de estafas. Ver el terminal proyectado mientras el servidor se ahoga explica más que cualquier diapositiva.

Por la tarde, datos personales y robo de identidad. La actividad consistió en rastrear el perfil ficticio de una persona en redes sociales, recopilar todo lo que se pudiera averiguar sobre ella y redactar un informe. El resultado dio bastante miedo, y la reflexión posterior fue directa al grano: con eso que acabas de encontrar en diez minutos, qué se podría hacer, y cómo se evita.

Videoclips en el pueblo y mercado de habilidades

El cuarto día hizo buen tiempo y el grupo se echó a la calle. En equipos, y guiados por los compañeros responsables del taller de creación de contenido digital, grabamos material por Rabka-Zdrój para montar nuestros propios videoclips. El montaje llegó dos días más tarde, con software de edición de vídeo, aprendizaje entre iguales y una proyección final de los resultados que dejó claro quién se había tomado en serio el plano secuencia.

Participantes grabando en las calles de Rabka-Zdrój para el taller de creación de contenido digital

En paralelo funcionaron los dos Skill Market, sesiones de minitalleres cortos elegidos por el propio grupo. En el primero hubo analítica de datos, mecanografía rápida, modelado 3D y programación. En el segundo, creación de videojuegos, funcionamiento de una CPU, Canva y arte digital. Media hora por tema, quien sabía enseñaba, y el resto elegía dónde meterse. Con buen tiempo, además, media de esas sesiones acabó en el jardín con los portátiles al sol.

Las noches también contaban

Cada tarde cerraba con grupos de reflexión, unos días por nacionalidades y otros mezclados, y después llegaban las veladas interculturales. Cada país tuvo la suya. La nuestra fue el cuarto día, con bandera, presentación de fiestas típicas y la habitual ronda de explicar por qué en España se cena a las diez y cuántas Nocheviejas caben en doce uvas.

Presentación de la velada intercultural española con la bandera y las fiestas típicas proyectadas

La rueda, otra vez

El último día volvimos al punto de partida. Repetimos el World Café de la rueda de competencias digitales, con las mismas cuatro estaciones, pero esta vez con toda la semana encima. Al colgar los papelógrafos del segundo día junto a los del séptimo, las diferencias se veían desde la puerta.

Hubo también una sesión de Open Space para aprender a montar en Canva el cuadernillo que documenta todos los talleres del intercambio, el material que queda del proyecto y que seguirá circulando cuando nadie se acuerde ya de quién dio cada sesión.

La evaluación fue larga y sincera, con un viaje en el tiempo hasta el primer día, la recuperación de aquellas expectativas y miedos del papelógrafo inicial y la actividad del papel en la espalda, en la que cada uno escribe sobre los demás. Y para terminar, el círculo de agradecimientos y la ceremonia de entrega del Youthpass, que reconoce oficialmente las competencias adquiridas.

Lo que nos traemos

Nos volvimos con el Youthpass, con un cuadernillo de talleres y con unos cuantos videoclips que probablemente no ganen nada. Pero lo que de verdad se queda es otra cosa: la sensación de que enseñar lo que sabes a un grupo de desconocidos en un idioma que no es el tuyo se puede hacer, y de que las competencias digitales no van de saber usar aplicaciones, sino de decidir con criterio qué haces con ellas.

Si te apetece vivir algo así, echa un ojo a nuestras convocatorias abiertas. Los intercambios juveniles Erasmus+ cubren alojamiento, comida y buena parte del viaje, y no hace falta tener experiencia previa. Solo ganas de participar.

Youth Exchange on Digital Competences es un proyecto cofinanciado por la Unión Europea a través del programa Erasmus+ (referencia 2025-1-PL01-KA151-YOU-000298663), coordinado por Europe4Youth con el apoyo de la Agencia Nacional polaca FRSE.

Cofinanciado por la Unión Europea

Erasmus+ · Cuerpo Europeo de Solidaridad

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