Hay una parte de los proyectos Erasmus+ de la que nadie presume. La explicación del Youthpass a las once de la noche, el reparto de hojas para justificar los billetes, la evaluación final cuando el grupo ya tiene la cabeza en el aeropuerto. Son necesarias, están en el convenio y en la memoria, y suelen ser exactamente los momentos en los que la gente se desconecta.
Del 6 al 13 de septiembre cuatro personas enviadas por Estrellas del Sur estuvieron en Moravec, un pueblo de la región de Vysočina, en el curso de formación “From Procedure to Participation”, coordinado por Brno for you y cofinanciado por Erasmus+. La semana entera giró alrededor de esa parte incómoda del trabajo, con una pregunta bastante directa por delante: si los trámites aburren a todo el mundo, quizá el problema no sean los trámites.
Tres cosas que no son lo mismo
La sesión que le dio sentido al resto fue la que separó tres palabras que solemos usar como sinónimos. Aburrido es poca estimulación, repetición, nada que te llame. Fricción es que algo exija esfuerzo, paciencia, concentración, y puede ser positiva o negativa, porque hay fricción que enseña y fricción que solo desgasta. Y mal diseño es otra cosa distinta, participación innecesaria, instrucciones confusas, frustración y falta de sentido.
Puesto así, la mayoría de los momentos muertos de un proyecto no son aburridos. Son mal diseño con fricción negativa, y eso sí se arregla. Un formulario de reembolso no deja de ser un formulario de reembolso, pero la forma de explicarlo, de acompañarlo y de repartir el trabajo se puede rehacer.

La gamificación como forma de diseñar
El hilo conductor fue la gamificación, y el curso insistió en lo que no es: poner puntos y medallas encima de una tarea que sigue sin tener sentido. Se trabajó como mentalidad de diseño, pensando qué motiva a un grupo, qué le da claridad y qué le invita a implicarse, con bastante atención a los límites. Hay mecánicas de juego que acaban siendo manipuladoras, otras que dejan fuera a quien no entra en la dinámica, y saber cuándo no gamificar formaba parte del contenido.
Un ejemplo de cómo se aplicó. La escalera de la participación juvenil de Roger Hart, que normalmente se explica con una diapositiva y ocho peldaños, se convirtió en un reto por equipos: identificar los niveles, colocar situaciones reales en el peldaño que les corresponde, desafiar a los otros equipos y subir de nivel. Con categorías de premio al final, del equipo más enérgico al más creativo. El mismo contenido teórico, pero discutido en voz alta y peleado entre grupos.

Seis frentes y un método
El grupo se repartió en seis frentes de trabajo, cada uno sobre un momento concreto y reconocible de cualquier proyecto: reembolsos, evaluación, reflexión, Youthpass, normas de grupo y la presentación del programa Erasmus+. Cada equipo diseñaba una herramienta para su frente, y ahí entró el método que más se repitió durante la semana.
En la pared quedó escrito como una corrección: no se trata de buscar lo perfecto, probarlo y que falle, sino de prototipar, probar, aprender y mejorar. En la práctica, eso significaba diseñar una actividad, ponerla en manos de otro equipo y verla romperse en directo. Es incómodo y es la manera más rápida de encontrarle los agujeros a algo. Lo que salió de Moravec no son ideas sobre el papel, son formatos que ya han fallado una vez y se han arreglado.

Treinta personas y una noche intercultural
Hasta treinta youth workers, formadoras y coordinadores de proyectos de varios países pasaron la semana en el Penzion u Výletu. Gente que se va a volver a encontrar estos procedimientos en el próximo proyecto que organice, que es justo el perfil que hacía falta para que el rediseño sirviera de algo.
Cada delegación tuvo su turno para presentar su país y llevar su mesa a la noche intercultural. La española empezó, como casi siempre, aclarando dónde está Córdoba.


Lo que viene después
El aprendizaje quedó reconocido con el Youthpass, pero el curso no terminó al cerrar la puerta del alojamiento. Las personas participantes salieron de Moravec con un acuerdo concreto, llevar lo trabajado a sus organizaciones y a sus entornos mediante talleres y presentaciones, y la organización coordinadora nos ha pedido expresamente apoyo como socias para que eso ocurra.
Tiene sentido que insistan. Una herramienta de facilitación solo queda validada cuando alguien distinto de quien la diseñó la usa con su propio grupo, y es la misma lógica del prototipo que se prueba y se rompe. Si el curso iba de convertir procedimientos en participación, la difusión es la primera prueba de que funciona.
